EL DÍA DE LA MADRE EN MÉXICO
Luisa Ruiz Sañudo
Ante todo la más entrañable felicitación de parte de la Colonia Mexicana en Madrid a todas las madres coraje que nos representan.
Me llena de orgullo y a la vez me es muy doloroso hablar sobre el día de la madre en México porque  aun está cercano el momento en que yo perdí a la mía. Y digo cercano   porque estos cuatro años han detenido mi  tiempo, fue el final de un sueño y el despertar a una orfandad insospechada. Un dolor imperecedero que me acompañará el resto de mi vida.
Aun la evoco, sonriendo, muy bella, vital, abnegada arropándonos y dándonos fortaleza en nuestros estudios y en la adversidad. La siento iluminando nuestro hogar con su paciente presencia.
Y así mi madre se integra en la vida mexicana a los 18 años, enriqueciéndonos con el bagaje de dos culturas, la española y la mexicana.
Nuestras madres, de aquí y de allá, pese al protagonismo de la figura paterna, llevan todo el engranaje familiar, deciden con humildad, componen nuestros errores, administran, equilibran, nos llenan de amor y de entrega. Y lo mas sublime es su don para dar vida, para trazar una existencia, siguiendo las leyes del universo que en un sentido de trascendencia obedecen a la voluntad del creador.
Existen signos de que en el antiguo Egipto rendían culto a la Diosa Isis que simbolizaba la maternidad y la fuerza fecundadora de la naturaleza.
Los griegos honraban a Rea, Titán y diosa de la fertilidad.
Los romanos heredaron esta tradición con las celebraciones Hilaria, nombre que se le daba a estos acontecimientos en el templo de Cibeles.
Los Aztecas aclamaban a Coyolxauhqui o Maztli, madre de su todo poderoso Dios Huitzilopochtli representándola como la Luna. Y a Tonantzin, madre de los dioses ser dador de vida. En su ofrenda se hacían peregrinajes al cerro del Tepeyac.
Sobre todas las tradiciones ancestrales en el escenario colonial mexicano, irrumpe el fenómeno guadalupano, símbolo del cristianismo, del catolicismo emergente, generando una simbiosis entre dos culturas, dos mundos distantes, desconocidos, que se entretejen y se lanzan por el camino de la historia. “no estoy yo aquí que soy tu madre ……..”, no simboliza acaso Guadalupe una madre?. Una madre producto de ese mestizaje.
El catolicismo sigue la tradición romana de le veneración a la diosa Cibeles, diosa creadora de vida, adaptando esta celebración al homenaje a la virgen María, conmemorando el 8 de diciembre día de la Inmaculada.
Ingleses y posteriormente estadounidenses celebraban una festividad pero no era institucional hasta que el presidente Woodrow Wilson proclamó el día 10 de mayo como día oficial de esta celebración adoptado por diferentes países entre ellos México.
Y nosotros, con ese perfil ingenuo, tierno, cálido, festivo y musical rendimos lo mejor de nuestros sentimientos a nuestras madres introduciéndonos en la quietud de la noche cuando ya empieza a amanecer, con una profunda serenata de mariachis, trios, guitarras y allá en el norte con acordeón y como yo recuerdo las siluetas del cerro de la silla, las mitras, chipinque, el cañón de la huasteca y la sierra madre hacen eco de la melodía que entona las mañanitas que configura una orquesta por todos los rincones del territorio nacional.


Luisa Ruiz Sañudo es miembro de la Mesa Directiva de la Colonia Mexicana en Madrid